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sábado, 17 de octubre de 2020

Sueños de pandemia. Segunda parte.

Ita Ici, nos comparte en esta segunda parte de sueños de pandemia, algo que escribe como una reflexión general sobre los sueños, pero que puede ser también un consejo a los lectores  o un sueño, en una segunda acepción de esa palabra. 

Gota de vino nos platica un sueño que termina en misterio y en ganas de repetirlo.

Mujer real nos dibuja perfectamente ese ambiente de los sueños en los que necesitamos resolver varios problemas simultáneamente, mientras nuestro cerebro se mantiene tercamente fijo en una idea.  

Como en la entrada anterior  los relatos se ordenaron en el orden alfabético de los seudónimos de las autoras.

La ilustración de esta entrada; una cometa, que como un sueño, sobrevuela un mundo real y ajeno, es obra de Mujer real. Disfruten la lectura:

 

Los sueños.

Siempre me he preguntado si los sueños son un reflejo de nuestros deseos, de nuestros pendientes, preocupaciones, recuerdos, nuestros temores, o…  ¿una mezcla de todos ellos? 

Tampoco he podido descifrar qué es, o en qué momento surge la selección de estos sentires. 

La ventaja de los sueños es que en ellos todo se permite, hasta las cosas más absurdas, desde volar, encontrarse con extraterrestres, pertenecer a la monarquía, y todo lo que se nos pueda ocurrir. Lo que es una verdadera  lástima es que no podamos escoger qué soñar. 

Hay sueños febriles, resultado como su nombre lo dice, de la fiebre que ocasionan las enfermedades; como en estos tiempos de pandemia, seguramente muchos los habrán padecido.  Me atrevo a decir que incluso algunas personas que no se han contagiado del covid 19 los tienen.  Es, al fin y al cabo, un desajuste emocional, común hoy en día, por el confinamiento físico y social.

Existen también los sueños agradables. De entre ellos sin duda, mi  favorito es cuando puedo volver a convivir con seres que ya no están en este plano, me encanta verlos sanos, poder entablar nuevamente amenas conversaciones con ellos, sentir y prodigarles amor.

Hay también otro concepto cuando se habla de los sueños. El término “es mi sueño” sugiere  un suceso que no ha pasado y que anhelamos que llegue, y puede ser algo tan sensible como convertirse en madre, hasta algo tan práctico y económico, como ser millonario.

Y es justo aquí donde pueden coincidir ambos conceptos:  si tu sueño  es tener una casa grande con jardines y alberca, simple:  olvídate de la pandemia, pon la cabeza en la almohada y  ¡¡suéñalo !!

 

Ita Ici

 

Dos copas.

Abrir los ojos y darme cuenta de que un hermoso paisaje esperaba para ser disfrutado, me hizo sentir viva y curiosa.

Justo en el pico de una montaña, me asomé por el balcón de mi habitación y con los ojos cerrados aún, noté el aroma salado de la brisa, y me percaté del peculiar sonido del golpeteo del agua en las rocas.

Al abrir los ojos, el impresionante brillo del sol en el horizonte y la calidez del viento, me llenaron de emoción!!! Me encontraba sola en un lugar mágico rodeado de mar, esa sensación de nerviosismo y a la vez paz, que pocas veces puedes sentir, fue profunda.

Al darme la vuelta para ir hacia la puerta y bajar al mar, me di cuenta, que había una mesa con una libreta y al lado una pluma, lista para anotar algún mensaje, sin embargo, lo que más me sorprendió fue, ver que no todo el tiempo había estado sola, en el buró al lado de mi cama, había dos copas de cristal con un poco de vino, ¡wow que sensación!

El evento más inesperado, al momento que me acerqué para tocar las copas, me senté en la orilla de la cama y…desperté en mi verdadera habitación, con ganas de saber con quién compartí esa experiencia.

 

 Gota de vino

 

Tiene que descansar.

-     Hola cariño, tengo una llamada perdida tuya.  No he podido devolvértela hasta ahora. He estado muy liado.  Están siendo días muy complicados. Espera…

-     Podéis salir ya todos, no es necesario continuar con la reanimación.  No podemos hacer nada más.  Llevad el desfibrilador a la sala y las bombonas de oxígeno a cargar.  Que cada uno se ocupe del equipamiento que ha traído y lo deje en su sitio.  El personal de la funeraria tiene que esperar fuera.  Aquí ya estamos demasiada gente y hay mucho alboroto. La paciente de la cama de al lado tiene que descansar.

-     Sí, perdona. ¿Me llamabas por la lista de la compra? Un momento…

-     Ana, Luis, ¿podéis apagar las luces? Dejad sólo la lamparilla de la mesilla para que la luz sea más tenue.  Hay demasiada luz y la paciente de la cama de al lado tiene que descansar.

-     Ya. Sí, revísala por si me he dejado algo. He añadido unas cervezas para cuando veamos la peli mañana.  Coge también unas pilas para el mando. Perdona…

-     Las auxiliares, por favor, desinfectad toda la estancia y ventilad bien.  Los productos desprenden un olor muy fuerte.  Por favor,  llevad a los familiares a la salita del fondo.  Se oyen mucho sus lamentos y asustan a los enfermos.  La paciente de la cama de al lado está grave y tiene que descansar.

-     Sí, pilas para el mando y rotuladores rojos para el trabajo de sociales de Jaime. ¿Te acordarás?

-     Camilleros, es necesario bajar a la paciente a rayos. Por favor, llevad la camilla con cuidado. Colocaos los dos delante para moverla mejor y abrigadla bien.  Los pasillos del sótano son muy fríos.  La paciente está muy enferma.

-     Ah! Oye, que también hay que pasar la ITV.  Si puedes pedir cita.. Un momento. Disculpa otra vez…

-     La cisterna está estropeada, no deja de caer agua y hace mucho ruido. Por favor, avisad a mantenimiento. La paciente de la cama de al lado no podrá descansar con tanto ruido.

-     Ya estoy contigo.  De los deberes de Jaime ya me encargo yo.  Tú tranquila. Espera un momento, perdona.

-     Luis, las ruedas de la camilla chirrían demasiado.  Cuando vengan los de mantenimiento, que las engrasen también.  Cada vez que la movemos hacen un ruido espantoso.  La paciente tiene que descansar.

-     Vale, que te dejo que tengo aquí mucho lío.  No sé a qué hora saldré hoy.  Igual tengo que doblar, como la semana pasada.  No damos abasto.

-     ¡Rosalía!, ¡Rosalía!  ¿Me oye? ¡Rápido, el equipo de reanimación! Se va…

 

Mujer real.


 

sábado, 10 de octubre de 2020

Sueños de pandemia.

 

Hace unos días publiqué esta frase en mi facebook:  

“La vida es sueño; el insomnio, muerte. Dormilón de la Barca”.

Mi post dió lugar a la propuesta de una lectora para que publicara, yo en este blog, relatos inspirados en sueños tenidos durante la pandemia.
Las autoras de los relatos, me propuso, serían todas amigas mías, firmarían con seudónimo e ilustrarían el relato (deseable). Comenté la idea con algunas de ellas y me dijeron que les gustaba la idea y que aceptaban la invitación para paticipar.

Unos días más tarde, DEGAS’ALTO, MiMaGa y Telémaca me enviaron, las tres, sus sueños de pandemia con sus ilustraciones.  Los textos de DEGAS'Alto están originalmente escritoe en francés. La versión al castellano, es mía.

Comparto, con los lectores, los escrito en el orden alfabético  de los seudónimos. 

Espero que disfruten los relatos, como yo lo hice. 


Escribo mis sueños desde hace bastante tiempo. Casi siempre, podría decir. Antes de hacerlo disciplinadamente, lo hacía sobre hojas sueltas, pero hace ya varios años, compré cuadernos especiales, grandes y gruesos para anotar mis sueños nocturnos.

 


24 de mayo 2020
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     Primer sueño.

Sucede en México, en casa de un amigo. Hay un niño de 3 o 4 años. El dueño de casa hace entrar  al niño en una especie de elevador. El elevador sube cuando se le jala con una cuerda.

     Otro sueño. El árbol carnívoro.

En mi casa. En el camino de abetos que lleva del jardín a la entrada, me doy cuenta que una planta ha engrosado mucho, se ha vuelto como madera. La tocó y es como si se hubiera movido y una gran hoja hubiera venido a cubrirla. Veo el abeto, lleno de grandes caracoles grises, que abre un hocico enorme y se los come todos. Me sorprendo y voy del otro lado del seto . Ahí, una planta, un abeto me atrapa, está entumida pero tiene fuerza. Siento inmediatamente miedo y me encomiendo a dios. Estoy paralizada, no puedo avanzar y tomarme de un árbol para que el monstruo me suelte. Todos los abetos se han vuelto monstruos que quieren devorarnos.    

 

DEGAS’ALTO

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Tita

El instante se volvió eterno cuando se te destrozó el corazón, cuando la tristeza alcanzó el matiz más profundo, cuando el silencio tu alma inundó. Veintitrés años han transcurrido y, ¿cómo explicar que persista el dolor? ¿Cómo es que no hay fuerza suficiente para arrancar de raíz lo que se sembró? Solo lo entenderá quien una hermana haya perdido, quien entre sus manos sintió como el calor abandonaba el cuerpo de catorce años de alguien amado.

 No ha pasado un solo día sin que te preguntes ¿Qué llevó a Tita a tomar esa decisión?, ¿por qué partir por voluntad propia? En ninguno de tus sueños has hallado la respuesta, ahora solo tienes de su mirada triste un vago eco.

 A ratos piensas que en otro plano está bien, hasta que la incertidumbre acaba por convencerte de que jamás lo sabrás, sin embargo, podemos albergar una esperanza, debes saber que ella me permitió su presencia. Fue hace unas noches, recuerdo que recorría un camino de penumbra, de total oscuridad, apenas se percibían algunos árboles sombríos, y ahí, en algún punto se alertó mi visión, a mi izquierda, agachada y encorvada había una figura desnuda, le veía solo la espalda y el manojo de cabellos negros que se escurrían como lamentos, me quedé paralizada, era tu hermana Tita, seguía siendo una niña. En un parpadeo giró la cabeza hacia mí, no hubo palabras, solo había ausencia en su mirada. Unos segundos bastaron para grabarme su cuerpo frágil, pálido y distante, cuando reaccioné ya no estaba, aturdida continué por el sendero, el cual conforme avanzaba se tornaba menos denso.

Ahora se respiraba una bruma grisácea que me permitía mirar a lo lejos un espacio que me llamaba, no recuerdo que hubiera una puerta, pero sí sé que había una entrada, y cuando menos lo pensé ya estaba adentro. Como si hubiera dado vuelta a la página de otra historia, vi sentada en una silla a tu abuelita Victoria, sabía bien que ya no vivía, y ahí estaba con su cabello blanco trenzado, con el rostro sereno, como si me estuviera esperando.

Me costaba trabajo distinguir que más había en ese mundo brumoso, y con todo y ello, podía sentir otra presencia, deslicé a un costado la mirada y ahí estaba nuevamente Tita, de igual forma agachada en cuclillas, con ese cabello negro espeso cayendo sobre sus hombros, ahora de frente, recargada en el regazo de la abuelita. Se detuvo un momento el tiempo, hasta que ella quiso levantó la mirada, sus ojos que antes eran grises ahora se tornaban negros, mi corazón empezó a latir lento, nos miramos fijamente hasta que ella susurró: diles que estoy bien… después todo se desvaneció. Hoy, no hay palabras que alcancen a expresar lo profundo del encuentro.

El sentimiento me mantuvo por días ante la duda de competirte lo vivido por temor a abrir las heridas, después de varias lunas resolví transmitirte el mensaje deseando que lo recibas como la despedida que nunca se dio. 

Sé que no tendrás respuesta del porque decidió consumir su último aliento sin decir adiós, ante ese silencio yo te ofrezco su voz, y el saber que está acompañada de un ser que en vida tanto la amó.

 MiMaGa

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Un Sueño.  Una noche de Mayo de 2020.

 La brisa marina, me da en la cara. Casi me sorprende, y me obliga a abrir bien los ojos y estudiar las largas hileras de sillas blancas, vacías, que permanecen silenciosas en la explanada frente a mi.  Al verlas, me siento desorientada. No, no es una boda. Las sillas no tienen adornos ni flores. Son blancas ciertamente, pero no son nada fuera de lo común: sillas para eventos que se rentan a necesidad del usuario. Sigo caminando y comienzo a preguntarme cuál es el propósito de esas sillas.  Caminar sin saber dónde estoy, comienza a provocarme un poco de ansiedad. Me doy cuenta que tengo unas listas en la mano. Recuerdo todo en un segundo: El evento que estamos preparando (el más importante del año en el que invertimos casi seis meses de preparativos). Recuerdo números de inscripciones, llamadas telefónicas, impresión de folletos… empiezo a caminar nerviosamente entre las sillas, buscando tal vez a alguien que pueda explicarme. Pasó el evento? Me lo perdí? Se me olvidó?  Camino de lado a lado, ya en completo estado de angustia. Empiezo a buscar mi teléfono pero lo único que tengo en la mano son esas listas, inútiles, pero aún así no quiero soltarlas. A lo lejos veo a un auto que llega al estacionamiento. Me acerco con total esperanza de que sea alguien conocido que me ayude siquiera a entender dónde estoy y qué ha pasado.  Pero al llegar al estacionamiento que está junto a la playa, ya no hay nadie.  Camino entonces sobre la calle. La misma caminata que he hecho tantas veces: De Point Mugú hacia Zuma beach. El sonido del oleaje a mi izquierda, el olor del mar, las gaviotas volando sobre la playa desierta. Poco a poco, todo comienza a perderse en ese momento donde nada es necesario. Siento el papel de las listas en la mano y quiero soltarlas pero no me atrevo a dejarlas en el piso así que debo seguir con ellas, sintiendo como el papel se ablanda y se moja con el sudor de mi mano.

Pasado el estado de angustia, me convenzo a mi misma de que estoy soñando. Como tantas otras veces, analizo lo que sucede a mi alrededor y veo que no concuerda con mi realidad. Mi conversación interna me lleva a recordar que estamos en cuarentena. No hay evento. No hay apuro de llamar a nadie. No hay premura de llegar a ningún sitio.  Tampoco hay apuro para despertar. Cierro los ojos. Ya no tengo las listas en la mano. Sigo escuchando el mar. Sigo soñando.

 Telémaca.

sábado, 3 de octubre de 2020

El homenaje del alumno.


La profesión de maestro, enseñante o profesor es sin duda de las más gratificantes. Es posible, incluso para la enseñanza básica, ver al cabo de unos pocos años el resultado del trabajo realizado. 

Es muy satisfactorio ver a los antiguos pupilos convertirse en colegas y eventualmente en nuestros profesores. Es un privilegio poder transmitir no sólo los conocimientos sino también la pasión que ellos nos generan y una posición ante la vida,. 

El profesor Vicente Alonso fue sin duda uno de esos privilegiados. Supe por Fernando Alvarez , uno de sus notables alumnos que Alonso se encontraba grave, enfermo de Covid-19. Me enteré más tarde, también por Fernando, del desenlace. Unos días después leí un texto que publicó otro de sus alumnos, David Quintanar en facebook. 

Me parece que el texto de David rinde un merecido homenaje al profesor. Le solicité permiso a David para reproducirlo en el blog, porque me parece el justo homenaje del alumno a su profesor. Este es el texto de David: 

 Para el maestro Vicente Alonso:

No soy bueno para hacer esto, pero hay noticias que realmente te pueden y que necesitas expresar algo para seguir fluyendo. Todos tenemos padres biológicos a los cuales amamos y respetamos, nos educan a su forma y tradiciones, nos dan valores y conducen nuestros primeros años, pero la vida también te pone en el camino gentes que influyen en tu formación y marcan tu vida, sin duda para mi Vicente Alonso Pérez fue una de esas personas. Un líder con personalidad muy atrayente y carismática. Aún recuerdo la primera vez que lo conocí, entro al salón de clases y todos pensamos que era la persona de vigilancia, con su léxico y movimientos característicos nos puso quietos con un “siéntate cabrón soy tu profesor”, y si sería mi profesor y “sensai” desde ese momento. Escucharlo era realmente una experiencia, era ciencia pura como el mismo decía. Combinaba el barrio con conocimiento y esa forma de retarte para sacar lo mejor de ti. Muchos nos identificamos con esas formas y lo seguimos y tratamos de absorber su sabiduría y hasta en cierto punto, imitamos su forma de ser y vivir. De ahí se formaron muchísimos de nosotros, motivó que hiciéramos posgrados dentro y fuera del país con un apoyo indescriptible. Formó generaciones completas de profesores y profesionales exitosos. Siempre creí que esa parte no le fue totalmente reconocida y las mieles de estos triunfadores no lo irradiaron. Con el tiempo me volví su amigo y eso me dio la oportunidad de tener un confidente y guía que ahora sé que voy a extrañar en mi vida. Le apodaban de muchas formas: el “Wisconsin” (por donde estudio), el “Papuchín” que era el que más le gustaba y muchos otros, los cuales el aceptaba y cuando se los decías solo te veía y luego reía. Su vida es todo un ejemplo de superación y vitalidad, sus orígenes nunca los oculto y es más los presumía y compartía con múltiples experiencias. De manera ingeniosa acomodo sus tiempos para primero acabar la preparatoria, luego estudiar Químico Farmacéutico Industrial en el IPN y posteriormente estudiar un posgrado en Madison. Aún tengo esas viejas copias de un libro de 1974 donde venía un escalafón de laboratorios Sanofi y el aparecía como operador, después sería uno de los gerentes más importantes de la misma compañía. Ese ejemplo siempre lo tuve en mente cuando las cosas iban mal y los retos eran altos. Anécdotas que contar, miles estoy seguro de que todos los que convivimos con el tenemos algo chusco que contar y anécdotas que ahora me recuerdan lo que es vivir intensamente y sin miedo. A sus hijos solo les puedo decir que su padre fue una persona excepcional que apoyo a mucha gente y que, de viva voz, junto con su esposa Rosaura, ustedes eran las personas más importantes en su vida y siempre se esforzó porque estuvieran bien y contentos. Lamento en mucho su partida y como él decía ya envejecí y unas lágrimas son buenas para quitar esta sensación en la garganta. Descansa en paz Vicente, te quiero por siempre