- El primero de ello se refiere a que cuando se disminuya de nivel, el profesor recibirá la suma que venía recibiendo anteriormente como cantidad fija y no como porcentaje del salario tabular.
- El segundo permite al académico optar por el periodo de vigencia dentro del programa; bien cinco años o como señala la nueva convocatoria o tres, si el académico así lo prefiere.
- El tercero se refiere a las obligaciones docentes que el EPA impone al personal de carrera y señala que los criterios de evaluación sobre éste punto, para el personal contratado por el procedimiento excepcional señalado en el artículo 51, serán los publicados en la Gaceta del 29 de abril de 1996
- El cuarto fija el límite de duración del transitorio anterior y anuncia un programa institucional para implantar y fomentar diversas opciones para el cumplimiento del artículo 61.
- El quinto se refiere a la evaluación de los técnicos académicos e indica que el director de la dependencia recabara del jefe inmediato, información para su evaluación.
Este blog es una especie de respuesta anticipada a la invitación de Stéphane Hessel a indignarse. Nace de la indignación de que un grupo de profesores de la FES Cuautitlan –la mafia- haya por mas de 30 años usado y abusado los puestos de funcionarios y de elección popular. Pero el blog se ha convertido también en un espacio donde se comparten experiencias docentes, temas de divulgación de la ciencia, literatura y opiniones. Bienvenidos!!!
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jueves, 10 de febrero de 2011
Más del PRIDE y del salario amarrado a la evaluación.
jueves, 27 de enero de 2011
My Pride. (Mi orgullo)
la reunión del CTIC del 19 de agosto de 2010, la situación actual del PRIDE. En resumen lo que dijo fue que:
- El PRIDE es un programa académico con repercusiones económicas
- Ya no alcanza el dinero
- El PRIDE se debe replantear
- Más del 90% de los académicos, con derecho al programa, están en el PRIDE
- Hay un exceso de académicos en los dos niveles más altos (C y D)
- El exceso en los niveles altos del PRIDE no se refleja en una mayor calidad
académica - El PRIDE ha dejado de ser un programa que premia la actividad sobresaliente
- La forma en que se hacen evaluaciones no fomenta los proyectos riesgosos,
ni el desarrollo tecnológico, ni el cambio de tema de investigación. - No hay criterios definidos para evaluar la producción artística ni
el desarrollo tecnológico, entre otros. - Hay descontento por parte de algunos investigadores porque las
evaluaciones se hacen en cada dependencia, e investigadores que
realizaron tareas equivalentes en un periodo, pero en distintas
dependencias, tienen distintos PRIDE. - Las comisiones evaluadoras no están cumpliendo al no tomar en
cuenta los requisitos de la convocatoria (labor sobresaliente,
formación de recursos humanos, docencia frente a grupo, calidad de
la producción y desempeño), además de que rara vez piden documentos
probatorios de docencia. - El PRIDE es un programa que evalúa un periodo de 3 años y se están
haciendo evaluaciones globales. En consecuencia la gente sólo sube
de categoría y rara vez baja. - Se tiene que capacitar mejor a los evaluadores para que realicen
las evaluaciones de acuerdo a la convocatoria - Está basado en un esquema de monto fijo, de manera que no se
percibe como una solución disminuir el número de personas en las
diferentes categorías.
Hizo notar que en otras Universidades del país el programa de
estímulos está dado en salarios mínimos, que sólo en la UNAM se
hace en base al salario incluyendo la antigüedad. - No se está proponiendo ni contemplando incluirlo en el salario base.
- Se tienen que revisar los criterios académicos del PRIDE
martes, 26 de enero de 2010
Sheridan...continuación
Aquí a continuación, la segunda parte del texto de Sheridan sobre los salarios en la UNAM:
"Decía la semana pasada que, a mi parecer, el espíritu de la UNAM se debilita si tienen mayores ingresos los funcionarios y los académico-administrativos que los maestros y los investigadores, pues se crea una práctica del poder, una politización, una desacademización. ¿Qué ingresos son esos?
De acuerdo con la página de transparencia de la UNAM (www.transparencia.unam.mx) sus profesores e investigadores mejor pagados son los titulares C de tiempo completo, los TCTC. Llegar al nivel TCTC toma, en teoría, por lo menos 15 años de trabajo y productividad, pues hay que ascender por ocho niveles previos ganando concursos abiertos, concursos cerrados o cerrados abiertos (que los hay), mientras que un funcionario puede ser nombrado de un día para otro. Luego, difícilmente puede llegarse al nivel TCTC sin doctorado, pero en cambio se puede ser director de un instituto con sólo el grado de bachiller, y rector con 10 años de antigüedad académica.
Según la sección “Puestos académicos” de la página, los académicos mejor pagados, los TCTC, reciben un sueldo neto de 15 mil 826 pesos al mes. La sección “Puestos de funcionario” muestra que el funcionario con el salario más bajo de la UNAM, el “Supervisor de escuelas incorporadas”, recibe 13 mil 558 pesos al mes, es decir, sólo 2 mil pesos menos que el académico mejor pagado. El tercero peor pagado de la larga lista de cargos (el “Subjefe de departamento) gana 17 mil 179 pesos, que ya supera al TCTC. De ahí en adelante, en los 41 niveles que le siguen, todos los funcionarios de la UNAM tienen salarios netos más altos que un TCTC. Un “Delegado” gana un poco más que el doble (32 mil 717 pesos) y un “Jefe de unidad” el triple (45 mil 222 pesos).
Por otro lado, aunque esa página de transparencia no lo dice -pues sólo anota sueldos netos-, el TCTC recibe una compensación por antigüedad y puede recibir estímulos económicos a la productividad académica. Un TCTC con 30 años de antigüedad recibe casi 13 mil pesos mensuales por ese concepto. Y si tiene el nivel más alto en el sistema interno de estímulos -previa solicitud y previa evaluación cada tres años- recibe 34 mil más. Suman unos 61 mil pesos netos, más que apropiado para ingresar a la “justa medianía”, sí, pero menos de lo que gana un “Coordinador de gestión”, que recibe 64 mil 273 pesos al mes.
Además, puede ser uno de los 3 mil 374 investigadores de la UNAM que reciben estímulos económicos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACyT, cuyo nivel más alto aporta unos 20 mil pesos, siempre y cuando salga airoso de las evaluaciones (bastante más estrictas que las de la UNAM). El SNI lo sube al rango de los 80 mil mensuales, que ya es un lujo, aunque inferior al que recibe un director de facultad o instituto que, a sus 70 mil netos mensuales, suma compensación por antigüedad y (si quiere) estímulos de la UNAM y del SNI; e inferior también al de cinco funcionarios de la UNAM que ganan 103 mil, a 12 que ganan 138 mil y el rector, que gana 142 mil. Claro, hay varios funcionarios de esta jerarquía que además de sus 138 mil netos al mes y su antigüedad reciben los más altos estímulos internos, para sumar 185 mil, y aun piden el apoyo del SNI para alcanzar hasta 205 mil netos y ganar no sólo más del doble que el académico mejor pagado, sino más que el rector, que los diputados y hasta el presidente de la república. Son los que además de sus tareas administrativas y políticas juran al SNI que dedican por lo menos 20 horas semanales a sus tareas académicas. Y son los que ya van a moderar sus gastos de representación…"
sábado, 26 de septiembre de 2009
La evaluación de los maestros
El tema de la evaluación ha sido algo que siempre me ha llamado la atención , quizás por aquella frase de Max Plank: “Medir es conocer”. Cuando empecé a dar clases en la facultad de Ciencias hace varios ayeres mi principal preocupación era ser justo al momento de evaluar, cómo hacer para no premiar nada más el IQ, o la disciplina. Era en ese momento un estudiante de los últimos semestres de física, que no tenía mucha idea de la pedagogía, ni de los objetivos de aprendizaje, ni de la taxonomía de Bloom, ni distinguía evaluación formativa de evaluación sumativa o diagnóstica, como pude fui tratando de ser un buen evaluador.
Poco tiempo después ya en la ENEP Cuautitlán, debe haber sido en 1978, escribí, para el congreso de enseñanza de la química que se celebró en Guadalajara ese año, un trabajo titulado: “La evaluación, análisis de su metodología” en el que planteaba todas mis angustias de evaluador y proponía ya el hacer los exámenes automáticamente con la computadora a través de una base de datos de reactivos.
Mi vida por otra parte ha estado siempre en contacto con la evaluación. Evaluaciones para entrar a la secundaria, para entrar a la UNAM , para recibirme, para obtener la beca del Conacyt, para doctorarme, para ser profesor de asignatura, para ser profesor de carrera, para promociones, para ingresar al PRIDE, para permanecer en el PRIDE, para ser profesor de francés. He sido miembro de comisiones dictaminadoras y jurados calificadores en los concursos de oposición, miembro de comisiones evaluadoras de PRIDE, de proyectos Papime.
Hace unos pocos años el CENEVAL me invitó a presidir el Consejo Técnico para la elaboración de la prueba para medir las competencias en el uso de las Tecnologías de la Información, la prueba COMTIC, que ya terminamos.
Hice ésta larga introducción porque Josué, Norberto y Jorge Tórtora habían venido hablando de la evaluación de los profesores. El asunto tiene mucho mar de fondo. Hay que saber que se va a evaluar (Conocimientos, habilidad comunicativa, simpatía, capacidad para la investigación, puntualidad, curriculum, etc.) y luego los criterios de evaluación (¿Es más importante haber escrito un libro, presentar un trabajo en un congreso, dar asesoría a los estudiantes, dirigir una tesis o publicar un artículo?).
Pero lo que complica más el asunto es ¿para que se evalúa? Por que entonces empiezan a confundirse los fines con el medio. Por ejemplo en el caso de las asignaturas, cuando se evalúa para decidir si un alumno puede o no llevar el siguiente curso o si, como consecuencia, define si mantiene o no una beca, es muy probable que lo más importante para el evaluado se vuelva la calificación y no la adquisición de las habilidades y conocimientos que mide.
De la misma manera cuando se evalúa a los profesores para otorgarles un ingreso económico adicional, como en el PRIDE, se va a volver más importante cumplir con los requisitos de la evaluación, que tener las características que la evaluación mide, con el riesgo de que los profesores realicen casi exclusivamente aquellas actividades que mejor puntúan en las evaluaciones en demérito de otras, probablemente necesarias, que se califican con ponderaciones menores. Llevado al extremo esto puede ir desdibujando el espíritu inicial de la evaluación y llevar a los profesores y sus ambientes de trabajo a convertirse en fabricas de puntos: Profesores que escriben masivamente materiales educativos y artículos o profesores que se “pelean” a los estudiantes para dirigirles la tesis, mientras actividades sustantivas quedan sin ser atendidas. Una vez establecida una escala de cuántos puntos de calificación representa cada actividad, raramente alguien se preocupa de la calidad de lo que se hace, pareciera que lo importante es producir y producir ponencias, artículos, tesis sin importar demasiado la calidad.
Paradójicamente los académicos que hablamos de ambientes constructivistas de aprendizaje terminamos siendo evaluados y evaluando con un enfoque conductista de premio / castigo.
Me parece sin embargo que la evaluación de la que se hablaba en el blog es la que tiene como finalidad que los profesores sean mejores. Detectando sus deficiencias, para corregirlas y eso requiere de un enfoque distinto en la metodología de evaluación y en las acciones que se van a tomar una vez conocidos los resultados. ¿Qué se va a hacer con quienes resultan con evaluaciones deficientes, se les corre, se les capacita?